domingo, 15 de mayo de 2016

Tartaletas de espárragos


Ya están aquí de nuevo los espárragos. Estos marcianos verdes que salen de la tierra como alienígenas no pueden ser más feos. Pero todo lo que tienen de poco agraciados, angelitos, lo tienen de deliciosos.



Dice el dicho: "los de abril para mí, los de mayo para el amo y los de junio, para el burro". Yo me como hasta los del burro, ¡soy una acaparadora! Me encantan, me resultan deliciosos, pero además, son diuréticos, buenos para el riñón, el sistema digestivo, perfectos para dietas (siempre supervisadas por un especialista, claro), o sea, están hechos para mí. Sí es cierto que los de mayo son los más dulces y eso hay que aprovecharlo al máximo.




Mi uso más habitual es a la plancha acompañados con un buen jamón, por lo rápido, sencillo y delicioso, pero con la receta que hoy traigo se pueden comer tanto fríos como calientes, en tartaletas o en porción. Yo esta vez lo he hecho en tartaletas.


Lo más complicado del asunto es el hojaldre, porque el resto está "chupao"así que, si quieres ir a lo fácil, tira por la calle de en medio y compra la masa ya preparada. A mí en cambio, lo que me pone es embadurnarme de harina, así que, vamos a por ello, oye.



Como el espárrago no combina bien con el vino, nos lo tomamos primero y ¡santas pascuas! Yo voy a optar por un verdejo envejecido en barrica, ¿quién se apunta?




Para el hojaldre

220gr de mantequilla
200gr de harina
90gr de agua muy fría
1 pizca de sal 



Para el relleno

200gr de espárragos
150gr de queso de cabra
2 huevos
200ml de nata para cocinar
3-4 ajos tiernos




Y dice así...

Si te pone lo de amasar tanto como a mí, tienes dos opciones: a mano o a máquina.
Si es a mano, coloca la mantequilla, cortada en cubos, en el congelador hasta que endurezca.
Tamizamos la harina y la mezclamos con la sal.
Cuando ya esté congelada sacamos la mantequilla y la mezclamos con los dedos junto con la harina y la sal.
Una vez bien mezclada y con un aspecto harinoso, agregamos el agua muy fría.
La masa ya está bien mezclada y homogénea, es entonces cuando hacemos una bola, la cubrimos con papel film y la metemos en la nevera durante, mínimo, una hora.

Si es con THERMOMIX, seguimos su receta.
Colocas la mantequilla en el congelador unas horas hasta que esté totalmente congelada.
Tamizas la harina y la mezclas con la sal.
Cuando ya está la mantequilla, la colocas en el vaso junto al resto de ingredientes y lo mezclas durante 20 segundos, velocidad 6.
Sacamos la masa del vaso, hacemos una bola y cubierta de papel film, la colocamos unos 20 minutos en el frigorífico.






Preparación del hojaldre

Una vez transcurrido el tiempo, sea cual sea su modo de elaboración, sacamos la masa y la extendemos dándole una forma cuadrada.
la doblamos en tres partes y repetimos, así tres veces.
cuando hemos doblado por tercera vez volvemos a meter en el frigorífico otros 20 minutos.
Ponemos a calentar el horno a 200º





Preparación del relleno


Cortamos la parte tierna y crujiente de los espárragos y los troceamos.
Los salteamos con los ajos tiernos y un poquito de sal.
Mientras mezclamos la nata, el queso y los huevos.





Ya ha pasado el tiempo necesario, sacamos la masa, abrimos los dobleces y terminamos de dar su forma definitiva con un grosor, alrededor de medio centímetro.
La pinchamos con un tenedor.





Extendemos sobre ella los ajos tiernos y los espárragos.
Cubrimos con la mezcla del resto de ingredientes y al horno durante 45 minutos y ¡a comer!






El queso de cabra le da un sabor muy particular que espero que te guste. Si tienes alguna sugerencia para la próxima, me encantará probarla. El próximo año podemos publicar tu receta de espárragos, ¿te apetece?



domingo, 8 de mayo de 2016

CUBA II

Corren buenos tiempos para Cuba, tiempo de grandes cambios y esperemos que todos buenos. Y la señal más significativa ha sido la llegada de Obama a la isla y el concierto de los Rolling Stones, la guinda.



En mi vida he tenido la gran suerte de conocer lugares lejanos y diferentes en clima, paisaje, cultura, religión y costumbres, pero nada, y digo nada, se asemeja a lo sorprendente que es viajar en el tiempo. 




Meterte en la "máquina del tiempo" y trasladarte a mitad del siglo XX, porque es esa la descripción más fidedigna de lo que fue para mi La Habana. 





Y digo fue, porque estoy completamente segura de que nunca volverá a ser la misma, para bien y para mal. Por supuesto que será para bien en sus nuevas libertades, políticas y económicas para esa maravillosa gente, que ya era hora, pero desaparecerá la huella del pasado que se ha mantenido durante más de medio siglo intacta. 



Después de esa semana en Varadero, nos dirigimos a su capital. En este caso, teníamos reservada una habitación en el hotel Nacional, todo un clásico de la ciudad. Para que os hagáis una idea de como íbamos de equipaje, el botones que sacó nuestras maletas del taxi comento con mucha sorna: -¡Oh, se trasladan a La Habana!, jajaja.





Fue entonces cuando entramos en la máquina del tiempo. Hasta entonces, habíamos estado en un hotel estupendo, con una playa maravillosa, como tantas tiene este maravilloso planeta, pero al llegar a La Habana fue cuando descubrimos la auténtica Cuba.









Con sus extremos: sus joyas arquitectónicas, como si hubiera caído una bomba de neutrones, decadentemente maravillosa, la vida humilde de unos habitantes extrañamente felices sin nada en sus bolsillos, su música por todas las esquinas, donde tuvimos la oportunidad de disfrutar de uno de los últimos conciertos que dio Compay Segundo en el Hotel Nacional.





Sus aromas, sus "Paladares", lugares "privados" donde podías ir a comer, 





su Malecón, 







sus puros, su ron, o su mundo  Hemingway con sus lugares, como la "Bodeguita del medio", 



"El Floridita" y sus daiquiris o el hotel "Ambos mundos", donde se hospedaba, un hotel colonial encantador donde guardan intacta su habitación. Y lo mejor de todo, SU GENTE.







Después de varios días por la ciudad, descubrimos un pequeño parque con trenes y tíovivos, perfecto para entretener al "enano", harto de tanta cultura. Hicimos la cola y al llegar nuestro turno, mi marido sacó un billete de diez dólares y se lo entregó al taquillero. Este con cara de horror, nos dijo que no se admitía moneda extranjera, sólo pesos cubanos. Preguntamos dónde podíamos cambiar y nos respondieron que no permitían a los extranjeros adquirir moneda nacional. Se produjo un silencio mientras pensábamos qué hacer y cómo explicar a nuestro hijo, que ya estaba entusiasmado con todos esos "cacharrillos", que no podíamos entrar. Cuando de repente, las personas que hacían cola detrás de nosotros comenzaron a sacar sus billeteras y pagaron nuestras entradas, sin dejarnos ninguna opción a devolvérselo. Entramos y fuimos de atracción en atracción que el "enano" señalaba, recibiendo la generosidad de esa maravillosa gente que iban entregando un ticket en cada lugar en el quería subirse. En cuanto pudimos distraer a nuestro hijo, nos marchamos con nuestros corazones llenos de gratitud. Esas personas que nada tenían lo compartieron con nosotros. Aún hoy me emociono al recordarlo, nunca lo olvidaré. Adoro Cuba y su maravillosa gente.



domingo, 1 de mayo de 2016

MONTALCINO



¿Pero sabéis que es Montalcino? Sería normal que no, así que os cuento. Montalcino es un pequeño pueblo situado en una colina, perteneciente a la provincia de Siena en Toscana. 



Este pequeño lugar da nombre a uno de los mejores vinos del mundo, el Brunello di Montalcino, y es ahí donde entra mi relación con este precioso lugar. Siempre digo que me siento una auténtica privilegiada haciendo nuestro PININO en un lugar como este.




El Brunello se codea con los vinos de Burdeos, Rioja, Barolo o Borgoña. En este pequeño pueblo medieval se ha hecho vino desde tiempos inmemoriales,  fue lugar de paso de la Vía Francígena, ruta de conexión con Florencia y Francia.




También ha sido famosa por sus curtidos y calzado, y hoy en día, todavía siguen haciéndose artesanalmente.








Montalcino ha estado involucrado en diferentes conflictos con Siena y Florencia en la época de los Medici. Su Fortezza está ubicada en la parte más alta del pueblo y data del 1361. 




Su construcción ha estado protegida, como todo en Toscana de toda la vida, y mover una piedra aquí es prácticamente imposible. 






Es por ello por lo que ha mantenido su espíritu medieval, con sus calles empedradas y sus muros de piedra cargados de historia.




Todo el pueblo está repleto de enotecas donde venden nuestros vinos.















Diferentes restaurantes y negocios,








muchos de ellos con impresionantes vistas al Vald´Orcia, valle que llega hasta el Monte Amiata, responsable del microclima que da a sus vinos ese carácter tan singular.










En Italia cada pueblo hace su pasta, aquí se hace PINCI, 




un espagueti grueso y delicioso, 




que se cocina con diferentes salsas toscanas, como el pinci al ragú. Pero los más deliciosos son los hechos a mano.




Es un lugar hecho para pasearlo. 




Aun siendo todo en cuesta, 




recorrerlo sin prisa es todo un privilegio 




y encuentras un precioso cuadro a cada paso, 






más bonito que el anterior, si cabe. 




Y es por este arco...




por donde se sale del pueblo para acceder a un bucólico camino..




para llegar...




a nuestro destino final.



Siempre que tenga ocasión os seguiré enseñando los distintos rincones de este romántico lugar. ¿Os apetece pasear conmigo por Montalcino?